El noveno grado estaba por concluir cuando volví a fijarme en él.
Amaba cuando la suave brisa despeinaba su cabello rubio dándole un aire más jovial y calmado, conocía todos y cada uno de sus ademanes y gestos a pesar de que nunca había hablado con él. ¡NO! No estaba obsesionada, yo simplemente lo observaba desde lejos, cuando jugaba con sus compañeros de clase, o tenía algún partido de la escuela, era increíble ver como sonreía y en sus mejillas se formaban dos pequeños hoyuelos, pero además de esto, a los extremos de su sonrisa se lograban ver lineas parecidas a unas comillas, así que si su sonrisa fuera una cita, sin duda alguna sería mi favorita.
Él tenia los ojos más lindos que yo alguna vez había visto, eran de un color marrón tan especial que si lograbas verlos de cerca podrías jurar que se tornaban verdes.
¿Qué por que no le hablaba? Por Dios bastaba con mirarme para saber que yo no era su tipo, mi cabello era de un castaño tan común que difícilmente podías identificarlo, mis ojos posiblemente eran lo más bonito en mi o al menos así lo sentía, eran marrones como muchos, pero había algo especial en ellos, mi sonrisa, aggh, mi sonrisa era lo que más detestaba de mi, ciertamente si hay algo que odio de mi es mi sonrisa, ¿Mi físico? Bueno no soy gorda, pero tampoco soy lo que se cataloga como modelo así que podría decirse que soy una chica común, y por ese simple echo yo sé que no soy su tipo.
En cierta ocasión me tope con una frase que se ha convertido en mi favorita, y baya que estoy totalmente de acuerdo con ella, porque siempre que la pienso me recuerda a él, me recuerda que:
"Si las personas fuésemos lluvia,
yo... Yo sería llovizna
Y él... ÉL sería un huracán".
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